Historia sexual

Es importante conocer e investigar las posibles causas que producen los trastornos de erección, por ello el profesional realizará una amplia batería de preguntas, todas ellas encaminadas a orientarnos y encontrar la mejor solución posible. 

Lo primero que hará será si la dificultad está en conseguir la erección o en mantenerla, ya que en función de las respuestas podrá intuir qué mecanismo puede estar fallando. Si por ejemplo la dificultad está en mantener la erección puede deberse a problemas en el cuerpo cavernoso.

También necesitará saber si el problema se ha presentado de forma súbita o, si por el contrario, ha sido de manera progresiva; si después de un episodio de disfunción eréctil ha presentado alguna erección normal. Gracias a estas preguntas el especialista podrá diferenciar las causas orgánicas, que implican un desarrollo progresivo, de las psicógenas, que vienen marcadas por la alternancia de erecciones normales con episodios de disfunción eréctil con inicio súbito.

Saber cuándo fue el último intento de mantener una relación sexual, la última penetración y la última relación sexual satisfactoria permitirá al especialista saber aspectos sobre su deseo sexual, su capacidad para tener una erección que permita la penetración y sobre todo, responder las preguntas que pueda hacerle al respecto, le ayudará a identificar el problema.

Realizar preguntas sobre cuestiones relacionadas con las erecciones en la fase REM, u obtenidas en situaciones diferentes a la relación sexual, tales como la masturbación u otros métodos, ayudará a conocer su la disfunción tiene un componente psicológico.

Pedir que se describa la primera vez que se experimentó problemas de erección puede ayudar a saber si es de origen físico o psicológico, especialmente en los casos en los que puede subyacer cierto trauma no superado, aunque parezca lo contrario: son muchos los factores que pueden hacer que un trauma pasado y aparentemente cerrado vuelva a aparecer. 

Conocer si hay alguna alteración del deseo sexual ayuda a evaluar adecuadamente la función sexual. 

Investigar sobre posibles problemas de eyaculación, si es dolorosa o no, si es normal, aumentada o disminuida o retrasada, permiten a la vez tratar problemas de eyaculación precoz. En ocasiones, las personas con disfunción eréctil aprenden a eyacular con rapidez, por lo que intentando no hacer frente a un problema, pueden desarrollar problemas de eyaculación precoz, que sin duda mejoran al tratar la disfunción eréctil.

Por último, el profesional podrá pedirle que haga referencia al orgasmo: si es normal o solía serlo, si está aumentado o disminuido, incrementado o ausente. Un orgasmo doloroso o disminuido puede repercutir negativamente sobre la función eréctil sin ser el origen del trastorno.

Además, también será interesante abordar la actitud de la pareja respecto al problema de la disfunción eréctil: muchos hombres desconocen la repercusión que puede suponer sobre la calidad de vida de su pareja. La función sexual femenina y su actitud hacia el problema de su compañero, entra en el ámbito del médico especialista en medicina sexual. El éxito de los tratamientos para la disfunción eréctil depende en gran medida en las expectativas de la pareja y la aceptación del tratamiento.